This is the fourth post in Rafael’s airport series, where he is sharing letters he exchanged some years ago with a blogger. He sent her erotic stories, and she replied with equally erotic letters. As before, I have translated Rafael’s Spanish text to English, using Google and polished it up a bit.
~ Marie


Roséli—la sirvienta sádica—tiraba con firmeza de la cadena con la que me llevaba ante su Ama, Mari Ángela.

Mientras me conducía pasillo adelante, recordaba cómo había imaginado previamente estas escenas, en los relatos que nos habíamos estado intercambiando por correo electrónico, en los meses previos a esta cita, que por fin se hacía realidad. Y todo esto me provocaba—a la vez—excitación, pero también algo de temor.

¿Estaría dispuesta mi amiga Mari Ángela a llevar a cabo todas las cosas con las que habíamos estado fantaseando en aquellos correos? ¿Todos los placeres, todas las torturas, todas las humillaciones que habíamos imaginado por escrito?

Al final del interminable pasillo, y deleitándome con el bamboleo de las ‘majestades’, de las dos mitades perfectamente sincronizadas en su bamboleo firme, del trasero de Roséli, accedimos al salón.

Un salón majestuoso, con una gran chimenea al fondo, enmarcado por columnatas de mármol jaspeado. Sillones estilo rococó, con asientos mullidos y policromados en oro. Cortinas espesas que cegaban la luz a los grandes ventanales. Estatuas de mármol blanco, con escenas de sexo más o menos explícitas, adornaban todo el conjunto.

También vi en una esquina un potro de tortura y una gran X de madera fijada a la pared. En seguida supe para qué servían tales aparatos. Otros habrán estado antes que yo, en esta misma sala—pensé por un instante—pero mi Ama Mari Ángela enseguida me saco de mis pensamientos.

. —Ola Rafael—por fin nos vemos como tanto habíamos ansiado. Ven, siéntate aquí a mi lado.

Roséli, tirando de la cadena fuertemente, me condujo hasta ella.

. —En el suelo—ordeno Mari Ángela. A lo que yo obedecí inmediatamente, pues de este juego se trataba en nuestro acuerdo previo.

Estaba sobre una alfombra que parecía turca, junto a sus pies, que iban enfundados en unos bonitos zapatos de charol, todo relucientes, con tacón de aguja. Llevaba una minifalda de cuero tan corta, que, al postrarme ante sus pies, pude admirar toda la belleza de su pubis, de un color negro intenso, como de azabache, diciéndome ¡Ven cómeme! Sentí en el bulbo del raquis perineal una tensión muy fuerte, lo que Mari Ángela observo enseguida, ya que no se le escapaba, la ansiedad con que esperaba sus deliciosas torturas.

. —Bien querido—comenzó a decir. Si consientes en todo lo que hemos acordado, y estas dispuesto a someterte a todos mis caprichos. Si quieres ser mi esclavo sexual durante los días que permanezcas aquí, en mi casa de Sao Paulo. Si consientes de buen grado, que te haga retorcerte de placer y de dolor al mismo tiempo, que mi ‘ama de llaves’ Roséli, te azote sin piedad, bien a mi orden o cuando a ella se le antoje. Si consientes que otras mujeres amigas mías, contemplen todas las escenas, e incluso participen de ellas. Si consientes a todo ello, comencemos la velada.

. —Respiré profundamente, antes de decir: ¡Sí, consiento!

Rápidamente Mari Ángela dio la primera orden a Roséli. —Ata a Rafael a la gran cruz de madera de la pared, de manos y pies, y de espalda a nosotras, de tal manera que pueda ver con claridad, como le azotas el culo y la parte alta de las piernas, hasta que estén totalmente rojas.

Con total presteza, Roséli se apresuró tirando de la cadena que aun portaba y que estaba enganchada al collar que llevaba al cuello. En ese momento parece que los pezones empezaban a dolerme ya más de la cuenta, pues los llevaba agarrados con las pinzas metálicas de las cuales colgaba una graciosa plumita, desde que salí del baño, antes de entrar al salón, pero no dije nada. Un poco de líquido seminal fluía desde mi pene, supongo del dolor que me infligían esas pinzas y del placer que me producía verme en manos de aquellas dos hermosas mujeres, y de lo que estaban dispuestas a hacerme…

Roséli me alzo los brazos en cruz y los agarró a la parte alta del aspa de madera. Igualmente separó mis piernas y agarró también los tobillos a la parte baja de esa cruz. Así en X, brazos arriba, piernas abiertas, mirando cara a la pared, expuesto, totalmente desnudo ante las miradas de Mari Ángela y Roséli, esta comenzó a azotarme el trasero sin piedad. Tenía ganas de sangre al parecer…

Zas, zas, zaass, tzaasss…

Los azotes iban y venían, se sucedían sin piedad, con contundencia, con ritmo. Se ve que Roséli, había practicado aquello, con otros hombres y mujeres, antes que yo. La tunda, continuo sin descanso…

Zaaasss, zchasssss, zaass, tchaaasss…

El culo estaba encendiéndose por momentos, la parte de las piernas justo por debajo del trasero, también, y Roséli continuo…

Zaaaaassss, zaass, zaashhhhh, Zas…

Hasta que oyó decir a su ama ¡Basta!

Inmediatamente paro, en seco. Obedeció como la buena perra de su ama, que era. Mari Ángela se levantó de su sillón frente a la chimenea, se dirigió lentamente hacia la escena, con su minifalda corta, su corsé, también de cuero negro, sus tacones altos, su melena negra toda suelta a sus espaldas, y su fusta en la mano. Se detuvo detrás de mí, me paso la mano delicadamente por el culo para comprobar cómo se me había enrojecido la piel, luego me arañó con sus uñas, y antes de que pudiera tan siquiera gritar por el dolor, me propino dos buenos tortazos con su mano, uno en cada cachete, a lo que ya no pude contener más el dolor, y un grito entre lágrimas, rompió el silencio de la noche en la mansión.

¡Aaaaaahhh!

. —Bueeno Rafael, no te quejes tan pronto, si no hemos hecho más que comenzar la velada. Verás cómo los próximos azotes ya no te duelen tanto, estos solo han sido de calentamiento. Vamos desátalo—ordeno a Roséli—Esta se apresuró como siempre a obedecer la orden de su ama, y cuando me hubo soltado por completo.

. —Vamos, ponte a cuatro patas—esta vez se dirigía directamente a mí.

. —Roséli, trae la vaselina para el culo y el plug de metal que tenemos con el broche de diamante, ese que presiona también la próstata.

Me puse a cuatro patas, mientras Roséli me aplicaba suavemente en principio, en el esfínter anal, la vaselina, hasta introducirme dos dedos con más crema, para que todo el interior del recto estuviera bien lubrificado.

. —Ya está preparado ‘Senhora’—como así la llamaba Roséli a Mari Ángela—Pues tráemelo de nuevo hasta la chimenea, pero que venga a cuatro patas. Quiero ver que tal anda en esa posición mi perrito.

Así que, a cuatro patas, con la vaselina en el fondo de mi ano, detrás de la criada, a la altura de su trasero casi, nos acercamos hasta el sofá frente a la chimenea, donde se había sentado Mari Ángela, con el plug de metal y broche de diamante, en la mano, dispuesta a metérmelo enterito por el culo. (Me corría de gusto solo de pensarlo, pero hacía grandes esfuerzos por controlarme. Primero porque si me corría sin permiso de mi Ama, sabía que vendrían castigos sin piedad. Y, por otra parte, me gusta disfrutar mucho del placer, y nunca quiero que se acabe, soy un prolongador del placer, mi esposa me lo dice siempre).

. —Bien querido—dijo Mari Ángela—ahora te voy a introducir este plug en el ano, que llevarás toda la noche, mientras seguimos jugando contigo. Espero que sientas un fuerte impulso de correrte y llegar al orgasmo, cuando te lo introduzca hasta el fondo; pero recuerda, ni se te ocurra correrte sin mi permiso. Es lo que hemos acordado.

. —Sí mi Ama—conteste—y acto seguido empezó a masajearme el ano con sus dedos con una suavidad y una firmeza, que fuertes descargas eléctricas, recorrieron todo mi perineo, el esfínter, la próstata, los testículos y hasta la punta del pene, todo tieso, todo erecto, todo listo para… Y algo fío se introdujo en mi ano, con pequeños empujes, rodeando el ano, empujando hacia dentro, hasta que poco a poco, muy despacio, la parte más gruesa traspasó el esfínter, di un fuerte respingo, y el resto del plug se deslizó fuertemente hacia el interior de mi culo, como si ese fuera su sitio natural, presionando firmemente contra la pared del recto que da a la próstata, con lo que la presión que sentí en ese momento fue tan brutal, que un poco del líquido seminal previo, afloró por la punta del pene…

. —Veo que, a mi perrito, le gustan las sensaciones por el culo. Desde luego se por propia experiencia, que son de lo más placenteras—aseguró—y dirigió sus manos hacia mis pezones, que ya se retorcían de dolor y me ardían a la altura del pecho—Bueno vamos a quitarte estas pinzas—joven Rafael—me dijo, y aprovecho el momento para clavar sus uñas contra mi areola, fuertemente, y no pude reprimir otro grito de dolor…

¡Aaaaaaahhh!

CONTINUARÁ…

Roséli — the sadistic maid — firmly pulled the chain with which she led me to her Mistress, Mari Angela.

As she led me down the hall, she remembered how she had previously imagined these scenes, in the stories we had been exchanging via email, in the months leading up to this date, which was finally coming true. And all of this caused me — at the same time — arousal, but also some fear.

Would my friend Mari Angela be willing to carry out all the things we had been fantasizing about in those emails? All the pleasures, all the tortures, all the humiliations that we had imagined in writing?

At the end of the endless corridor, and enjoying the swaying of the ‘majesties’, of the two halves perfectly synchronized in the firm swaying of her, of Roséli’s butt, we entered the room.

A majestic living room, with a large fireplace in the background, framed by marbled marble colonnades. Rococo style armchairs, with soft and polychrome gold seats. Thick curtains that blinded the light to the large windows. White marble statues, with more or less explicit sex scenes, adorned the entire ensemble.

I also saw in a corner a torture rack and a large wooden X attached to the wall. I immediately knew what such devices were for. Others will have been before me, in this same room — I thought for a moment — but my Mistress Mari Angela immediately took me out of my thoughts.

. —Ola Rafael — we finally see ourselves as we had longed for. Come, sit here next to me.

Roséli, pulling hard on the chain, led me to her.

. “On the floor,” Mari Angela ordered. To which I immediately obeyed, as this game was dealt with in our previous agreement.

She was on a rug that looked Turkish, next to her feet, which were encased in pretty patent leather shoes, all shiny, with stilettos. She wore a leather miniskirt so short that, by prostrating myself at her feet, I could admire all the beauty of her pubis, deep black, like jet, saying Come eat me! I felt a very strong tension in the bulb of the perineal spine, which Mari Angela observed immediately, since she did not escape, the anxiety with which she expected the delicious torture of her.

. “Well dear,” she began to say. If you consent to everything we have agreed to, and are willing to submit to all my whims. If you want to be my sex slave for the days you stay here, in my house in Sao Paulo. If you willingly consent, let him make you writhe with pleasure and pain at the same time, let my “housekeeper” Roséli whip you mercilessly, either at my command or whenever she wants. If you allow other women friends of mine to watch all the scenes, and even participate in them. If you consent to all this, let’s start the evening.

. I took a deep breath, before saying, Yes, I consent!

Quickly Mari Angela gave the first order to Roséli. —Tie Rafael to the large wooden cross on the wall, hand and foot, and with his back to us, so that he can see clearly, how you spank his ass and the upper part of his legs, until they are totally red.

With total alacrity, Roséli hurried by pulling the chain that she still carried from her and that she was hooked to the necklace that she wore around her neck. At that moment it seems that my nipples were starting to hurt more than necessary, as I had been holding them with the metal clips from which a funny little feather hung, since I left the bathroom, before entering the living room, but I did not say anything. A little seminal fluid flowed from my penis, I suppose the pain that those clamps inflicted on me and the pleasure that it gave me to see myself in the hands of those two beautiful women, and what they were willing to do to me…

Roséli raised my arms in a cross and tied them at the top of the wooden blade. She likewise spread my legs and also tied my ankles at the bottom of that cross. So in X, arms up, legs spread, looking at the wall, exposed, totally naked before the gazes of Mari Angela and Roséli, this she began to whip my butt mercilessly. She wanted blood apparently…

Swish, swish, swiiiish, swiiiiiiiiiiiiiiish…

The lashes came and went, they followed one another mercilessly, forcefully, with rhythm. You can see that Roséli had practiced that, with other men and women, before me. The thrashing, I continue without rest …

Swiiiiish, swiiiiiiiiish, swish, swiiiiiiiiiiiiiisssssssh…

Her ass was turning on at times, the part of her legs just below her butt, too, and Roséli continued …

Swiiiiiiiiiissssssssssssh, swish, swiiiiiiish, swish…

Until he heard his mistress say: Enough!

Immediately stop, dry. She obeyed like the good bitch of her mistress, that she was. Mari Angela got up from her chair in front of the fireplace, walked slowly towards the scene, with her short miniskirt, her corset, also made of black leather, her high heels, her black hair all loose behind her, and her whip on the hand. She stopped behind me, passed her hand lightly over my ass to see how my skin had reddened, then she scratched me with her nails, and before I could even scream in pain, she slapped me twice with her hand, one on each cheek, to which I could no longer contain the pain, and a cry through tears, broke the silence of the night in the mansion.

Aaaaaahhh!

. —Good Rafael, don’t complain so soon, if we’ve only just started the evening. You will see how the next spankings no longer hurt so much, these have only been a warm-up. Come on, untie him — she order Roséli — This she hastened as always to obey the order of her mistress, and when she had completely released me.

. “Come on, get on all fours.” This time she was addressing me directly.

. —Roséli, bring the vaseline for the ass and the metal plug we have with the diamond clasp, the one that also presses on the prostate.

I got on all fours, while Roséli gently applied the vaseline to the anal sphincter, until two fingers were inserted with more cream, so that the entire interior of the rectum was well lubricated.

. “Senhora” is ready – as Roséli called Mari Angela – Well, bring him back to the fireplace, but let him come on all fours. I want to see how my puppy is in that position.

So, on all fours, with the petroleum jelly in the bottom of my anus, behind the maid, almost level with her butt, we approached the sofa in front of the fireplace, where Mari Angela had sat, with the plug made of metal and a diamond brooch, in my hand, ready to stick it up my ass. (I would cum with pleasure just thinking about it, but I made great efforts to control myself. First, because if I came without my Mistress’s permission, I knew that merciless punishments would come. And, on the other hand, I like to enjoy pleasure a lot, and I never want to let it end, I am a prolongation of pleasure, my wife always tells me).

. “Good dear,” said Mari Angela, “now I’m going to insert this plug into your anus, which you will wear all night, while we continue to play with you.” I hope you feel a strong urge to come and orgasm, when I push it all the way into you; But remember, don’t ever come without my permission. It is what we have agreed.

. —Yes my Mistress — I answered — and immediately afterwards she began to massage my anus with her fingers with a softness and a firmness, that strong electric shocks traveled all over my perineum, the sphincter, the prostate, the testicles and even the tip of the penis, everything stiff, everything erect, everything ready to… I jerk strongly, and the rest of the plug slid strongly into my ass, as if that were its natural place, pressing firmly against the wall of the rectum that faces the prostate, with what the pressure I felt at that moment was so brutal, that a little of the previous seminal fluid, came out from the tip of the penis…

. “I see that my dog ​​likes the sensations in the ass.” Of course I know from my own experience, that they are the most pleasant – she assured – and she directed her hands towards my nipples, which were already twisting in pain and burning at the height of my chest – Well, let’s take these clamps off you – young Rafael – she said, and I take the moment to dig her nails against my areola, hard, and I couldn’t hold back another scream of pain …

Aaaaaaahhh!

To be continued…

Erotic Fiction Deluxe
Wicked Wednesday
MMM Mondays

10 thoughts on “Airport (3a) by Rafael

    1. I hope to transmit the erotic ‘increscendo’ that produced me at the time, to correspond with the other blogger, plotting this story together.

    1. You are absolutely right Miss K.
      I’m enjoying it too much, because I feel like the real character of this story. And I am accompanying each piece of history, with images of my own harvest.

    1. Thanks for praising the writing.
      I must admit that literarily they are not wonderful. But it is also true that they are the result of my personal imagination, like all the photographs that accompany the series, and that I have purposely made for it.
      Thank you for reading and commenting.

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