This is the third post in Rafael’s airport series, where he is sharing letters he exchanged some years ago with a blogger. He sent her erotic stories, and she replied with equally erotic letters. As before, I have translated Rafael’s Spanish text to English, using Google and polished it up a bit.
~ Marie


¡Zaaasss! ¡Cuenta conmigo! Y me arreó el primer latigazo por sorpresa
¡Uno! Balbuceé sorprendido.
¡Zzaasssch!
¡Dos! Repliqué.
¡Zzaasschht!
¡Tres! Aquello ya empezaba a escocerme, de verdad. Creo que Roséli debía estar poniéndole todas las ganas a aquellos azotes, o debía hacer mucho tiempo que no tenía oportunidad de hacerlo, el caso, es que me estaba poniendo encendido el trasero.

¡Zzaassscht! ¡Zaaasscchhttt! y así hasta que al fin pude gritar con todas mis ganas ¡Diez!
El tormento cesó, el suplicio paró, y hábilmente, Roséli desencadenó mis manos de la pared, me hizo ponerme a cuatro patas—la segunda vez en este día que una mujer me hacía algo así, tan humillante—para poder sacarme el plug que llevaba todo el día puesto, y con la llave que le había dado su ama, me quito el cinturón de castidad también. Por fin salió y me dejo totalmente a solas.
Ipso facto, estaba sumergido en el baño, que tan ricamente me habían preparado y que agradecí sobre manera, después de todo un día de agitaciones, y esta tralla final, estos azotes que había recibido, propinados por una mujer a la que no conocía, y que me producía sensaciones contrarias, por un lado temor, por otro deseo de saber más de ella, de acercarme a oler sus instintos, que por de pronto se habían revelado bastante sádicos. ¿Pero y quién dijo que a mí no me gustaran el sadismo y el masoquismo?…

El agua calentita fue aliviando todos mis orificios. Mi ano, totalmente dilatado… Mi verga, al fin libre y suelta , mi ‘asiento’ trasero suavemente enrojecido por unas manos precisas… y una suave música de fondo que me hizo olvidar por unos momentos—que me parecieron eternos—todo los dolores, todos los tormentos, todos los goces que había experimentado desde mi llegada a la ciudad de Sào Paulo. Comencé a masajear mi escroto, suavemente al principio, a continuación presionando y agarrando los dos testículos con fuerza, de tal manera que quedaran estrangulados entre el pulgar y el dedo índice y pudiera golpearlos contra el agua, y después, una vez que estaban rojos y gordos por la hinchazón, balancearlos rítmicamente de un lado hacia otro, de tal manera que el pene también comenzó a balancearse hacia ambos lados—ésta técnica nunca me falla ya que me provoca mucha excitación, sobre todo si se ejecuta por la mano de una mujer—de tal forma que el miembro comenzó a ponerse enhiesto, duro y gordito, todo a la par, y un poco de líquido se mezcló con el agua del baño…

Más… no duró mucho el ensueño. Roséli estaba de nuevo allí, observándome en silencio, sacándome de mi ensoñación fálica (¿Me habría visto hacer aquellas maniobras con mis testículos? Es un secreto que solo guardo para mis amantes). Portaba una palangana estilo rococó, en las manos, y en su interior se oían entrechocar cubitos de hielo, en agua aún más congelada, supuse. ¡Vamos levanta! Me ordenó. La ama Mari Ángela, te quiere en el salón junto a ella, pero antes—puntualizó esbozando una leve sonrisa que adiviné maligna—me ha dicho que te prepare.

Así que puesto en pié, salté de la bañera, me coloqué sobre una toalla que Roséli había colocado a tal efecto, todo mojado, aunque sin pasar frío—ya que las temperaturas en São Paulo son de lo más suaves—y cogiendo un hielo entre sus dedos empezó a deslizármelo delicadamente y a conciencia por mis tetillas, por mis pezoncitos, que empezaron a experimentar una tiesura inusitada, como si los estuvieran estirando por cuerdas invisibles. Aquello me producía sensaciones ambivalentes, por un lado me atormentaba el endurecimiento que me producía el roce del hielo contra el pezón, el frío en toda mi tetilla, y por otro empezaba a sentir cierto regusto en esa sensación de verme expuesto, totalmente desnudo, merced a unas manos expertas pero desconocidas, a la que no se le escapaba más palabra que la precisa, pero que emanaba un aura de misterio que la hacía aún más excitante.
A continuación, y cuando ya tenía bastante tiesos y duros mis pezones—se habían puesto gorditos también—sacó de una bolsa que había junto al baño, unas pinzas metálicas con una pluma roja como adorno. Aquello me iba a doler—pensé—y acto seguido su hábil mano agarró con fuerza uno de mis fríos pezones y le colocó una de las pinzas, que al instante mordió inmisericorde mi carne, provocándome un grito de dolor…
¡Aaaaaaaahhh! —grité—
Inmediatamente agarró el otro pezón y colocó la otra pinza, provocándome igualmente otro alarido que debió escucharse por toda la casa.
Bien ahora te voy a colocar una correa al cuello—continuó diciéndome—y siempre con diligencia y con esos dedos finos y ágiles, colocó alrededor de mi cuello, una correa de cuero con una anilla, a la que enganchó una cadena de eslabones de acero brillante, con la que tiró de mi a la par que me decía…
— ¡Vamos que La Señora espera! —tiene una sorpresa deliciosa preparada para tu primera noche en la mansión.

Rafael asks: “Who wants some nipple with ice cream?”

Y sin pensárselo dos veces tiró de la cadena con decisión, guiándome por los pasillos hasta llegar donde Mari Ángela nos esperaba. Por el camino pensaba… ¿Qué otras torturas tendría pensadas para mi esta noche? ¿Acaso no había gozado ya lo suficiente conmigo en el aeropuerto, humillándome desnudo en el viaje en coche y habiéndome puesto en las manos de esta mujer, sirvienta y sádica a la vez? ¿No se daba cuenta de que yo estaba totalmente cansado después del vuelo, de todas aquellas torturas, después de los latigazos que me había propinado Roséli, y ahora con esta pinzas que me había colocado en los pezones que me estaban arrugando por dentro de dolor?
Mientras así andaba absorto en estos pensamientos, caminando por aquellos interminables pasillos, Roséli—la sirvienta sádica—meneaba su culo delante de mí, portando la cadena a la que estaba sujeto, balanceando sus glúteos de manera rítmica, sus piernas largas e infinitas, fibrosas y bien torneadas por el ejercicio, con unas medias de nylon y una línea detrás que llegaba hasta el tacón de aguja que calzaba, que realzaba aún más su talle; provocándome aquella contemplación, una erección involuntaria, de tal manera que algo de líquido seminal, empezó a deslizarse pierna abajo, nuevamente…

CONTINUARÁ…


Swish!

Count for me!

And the first lash took me by surprise.
One! I stammered in surprise.

Swish!
Two! I replied.

Swish!
Three!

That was already starting to sting, really. I think that Roséli must have been putting all the desire into those spankings, or she must have had no opportunity to do it for a long time, the fact is that she was turning my butt on fire.

Swish! Swish! and so on until at last I could scream with all my desire: Ten!

The torment ceased, the torture stopped, and deftly, Roséli unleashed my hands from the wall, made me get on all fours — the second time this day that a woman did something like that to me, so humiliating — so she could remove the plug I was wearing. All day on, and with the key that her mistress had given her, I also take off my chastity belt. She finally came out and left me totally alone.

Ipso facto, I was immersed in the bath, which had been so richly prepared for me and for which I was very grateful, after a whole day of agitation, and this final whiplash, these lashes that I had received, given by a woman I did not know, and that it produced contrary sensations, on the one hand fear, on the other the desire to know more about her, to get closer to smelling her instincts, which for the moment had turned out to be quite sadistic. But who said that I did not like sadism and masochism?

The warm water was relieving all my orifices. My anus, fully dilated… My cock, finally free and loose, my back ‘seat’ gently reddened by precise hands… and a soft background music that made me forget for a few moments — which seemed to me eternal — all the pains, all the torments, all the joys that I had experienced since my arrival in the city of Sào Paulo. I began to massage my scrotum, gently at first, then pressing and grasping the two testicles tightly, in such a way that they were strangled between the thumb and index finger and could hit them against the water, and then once they were red and fat from swelling, swinging them rhythmically from one side to the other, in such a way that the penis also began to swing to both sides — this technique never fails me as it causes me a lot of excitement, especially if it is executed by the hand of a woman —So the member began to get erect, hard and chubby, all at the same time, and a little liquid mixed with the bath water…

More… the dream did not last long. Roséli was there again, watching me in silence, pulling me out of my phallic reverie (would she have seen me do those maneuvers with my testicles? It’s a secret that I only keep for my lovers). She was carrying a rococo-style basin, in her hands, and inside it you could hear ice cubes clashing in even more frozen water, I supposed.

“Come on get up!” She ordered me. “Mari Angela loves her, she wants you in the living room with her, but before her,” she pointed out, outlining a slight smile that I guessed evil, “she told me to prepare you.”

So standing up, I jumped out of the bathtub, I placed myself on a towel that Roséli had placed for this purpose, all wet, but not cold — since the temperatures in São Paulo are the mildest — and grabbing an ice between her fingers began to slide gently and conscientiously over my nipples, which began to experience an unusual stiffness, as if they were being stretched by invisible cords. That produced ambivalent sensations, on the one hand I was tormented by the hardening that the ice rubbed against my nipple produced, the cold on my entire nipple, and on the other hand I began to feel a certain aftertaste in that sensation of seeing myself exposed, totally naked, thanks to expert but unknown hands, which did not miss more than a precise word, but which emanated an aura of mystery that made it even more exciting.

Next, and when my nipples were quite stiff and hard — they had gotten chubby too — she took out from a bag next to the bathroom, some metal tweezers with a red feather as an ornament. That was going to hurt – I thought – and immediately afterwards her skillful hand gripped one of my cold nipples tightly and placed one of the clamps on it, which instantly bit mercilessly into my flesh, causing me to cry out in pain…

Aaaaaaaahhh! I yelled.
She immediately grabbed the other nipple and attached the other clamp, also causing me another scream that must have been heard throughout the house.

Well now I’m going to place a strap around your neck – she continued telling me – and always diligently and with those fine and agile fingers, she placed around my neck, a leather strap with a ring, to which he attached a chain of steel links brilliant, with which she pulled me at the same time as she told me…
– Come on, the Lady is waiting! “She has a delicious surprise in store for your first night at the mansion.”

And without thinking twice, she decisively flushed the toilet, guiding me through the corridors until we reached where Mari Angela was waiting for us. On the way I thought… What other torture would you have in mind for me tonight? Hadn’t he already enjoyed me enough at the airport, humiliating me naked on the car ride and putting myself in the hands of this woman, servant and sadist at the same time? Didn’t you realize that I was totally tired after the flight, after all those tortures, after the lashes that Roséli had given me, and now with these tweezers that she had placed on my nipples that were wrinkling inside me with pain??

While I was thus absorbed in these thoughts, walking through those endless corridors, Roséli — the sadistic maid — was wagging her ass in front of me, carrying the chain to which she was attached, swinging her buttocks in a rhythmic way, her long and infinite, fibrous legs. and well turned by exercise, with nylon stockings and a line at the back that reached down to the stiletto heel she was wearing, which further enhanced her waistline; causing me that contemplation, an involuntary erection, in such a way that some seminal fluid began to slide down my leg, again…

TO BE CONTINUED…

Erotic Fiction Deluxe
Wicked Wednesday
MMM Mondays

9 thoughts on “Airport (2b) by Rafael

  1. ” Didn’t you realize that I was totally tired after the flight, after all those tortures, after the lashes that Roséli had given me, and now with these tweezers that she had placed on my nipples that were wrinkling inside me with pain??”

    Haha! We always complain at the time, then do almost anything to get it again. It’s the best part though, no? lol

    1. Without a doubt, the temperature is going to rise, and the own images that I share with each writing, also lol.

Share your wicked thoughts...

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

%d bloggers like this: