Una sombra liberada / A darkness released

An erotic story by Rafael… sent in Spanish, and translated to English using Google translate, in combination with the translations service of Office 365, as well as ‘polishing’ it a bit.
Enjoy!
~ Marie


Una sombra liberada

Me llamo Susanna, y conocí a Raphael, un libertino de aúpa, en una cena de amigos en un club liberal que hay en Madrid. Habíamos quedado dos parejas y Raphael y yo como ‘singles’. Estaban Jana y Renato, Bruno y Mía y nosotros; era una cita a ciegas.

Vestía una falda corta a cuadros y con vuelo plisado, recién estrenada para la ocasión, medias con liguero, tanga de hilo (me gusta sentir mis nalgas posándose directamente sobre la silla), y una blusa blanca entreabierta lo justo para que se viera el sujetador blanco, algo pequeño, que hacía que mis voluminosos pechos se desbordaran.

La velada transcurría tranquila, notaba la mirada de Raphael que se posaba con frecuencia en mí y en mis pechos desbordados, pero no le di mucha importancia.

Me levante al baño (necesitaba arreglarme y comprobar que todo estaba en su sitio. Después de todo habíamos ido allí a lo que ‘habíamos ido’). Me estaba mirando distraída en el espejo cuando de repente entró Raphael sin darme cuenta, y aproximándose hasta a mí por la espalda, me agarró de la cintura estrechándome contra él. Sentí su miembro bien duro y abultado como se apretaba contra mis nalgas y la tremenda excitación que traía. Me sorprendí. Tirándome del pelo hacia atrás me susurró algo más que palabras:

— Tus mariposas de chocolate han encendido mis deseos íntimos. —me dijo.

Su falo estaba cada vez más apretado contra mi culo y con su mano derecha me agarraba mis senos. Yo sin saber muy bien porque, en ese momento solté un:

— Yes Sir!

Ardiente y con deseo, él me testó, para comprobar mi lubricación (que no dejaba de chorrearme sobre el tanga).

— Eres el tacto del pecado ¿Quieres ser mi perrita? —me preguntó— A lo que yo contesté casi sin saber de dónde me salía aquel ardor, aquel fuego interno que aquel hombre estaba encendiendo en mi:

— ¡Yes Sir, I want to be your perrita!!!

A lo que él se aprestó a darme mi primera instrucción como ‘perrita’:

— Cuando vuelvas a la mesa. Te habrás quitado las bragas, tu tanga y el sujetador, y me los darás. Yo te diré en que momento. Cuando te sientes deja que tu culo y tu coño reposen en la fría y dura silla y que tus pechos bamboleen libremente bajo tu camisa transparente. Yo te enseñaré mi vida secreta—Y a continuación se marchó—.

Cuando regresé me sentía algo azorada, con el vientre vibrante, la piel erizada, los pezones erectos y duros y mis labios entreabiertos salivando. Cada vez que Raphael me miraba, recordaba la escena del baño y su tacto sediento.

En una de esas miradas extendió su mano, quería su prenda, su premio… Despacio y con vergüenza le di lo que el ansiaba, me ruboricé y cuando rocé su mano varonil, firme, me estremecí, recordando su miembro erecto en mi culo en el baño. Nuevamente se me acerco al oído susurrándome:

— Abre tu mente al placer. Levántate y con tu consentimiento, dirígete a la barra y agáchate para recoger ese pequeño paquete rojo que hay en el suelo, de tal manera que al agacharte tu falda se suba para arriba.

Abrí mucho los ojos y con asombro. Protesté:

— ¡Se verá mi culo! ¡No puedo!

Ante mi protesta, poso un dedo por mis labios para hacerme callar, al tiempo que con la otra mano me pellizcaba un pezón suavemente, me dijo:

— Tienes que ser una obediente nena

Me levante nerviosa y sin dar crédito a lo que estaba a punto de hacer, por aquel hombre, con su mirada intensa, sus manos seguras, su personalidad arrolladora, y sus órdenes tajantes, estaban sacando de mi la parte más sado sensual y femenina.

Me acerque hasta la barra como Raphael me había indicado, me agaché de tal manera siguiendo sus instrucciones, que al hacerlo expusiera a la vista de todos los que estaban sentados en las mesas, cenando al igual que nosotros, pudieran ver como quedaban al descubierto mis piernas y la parte inferior de mis nalgas, que estaban desnudas. Una mujer de negro que estaba en la barra en ese momento, se acercó hasta mí, y como si estuviera en combinación con Raphael, y supiera exactamente qué estaba pasando ante la vista de todos en el local, me propinó una cachetada en el trasero sin previo aviso, que me cogió por total sorpresa.

Ante mi asombro, pude ver de reojo la sonrisa de Raphael y de los que nos acompañaban en la mesa. Yo seguía allí perpleja, junto a la barra, hasta que aquella mujer de negro, volvió a darme otra cachetada, esta vez en la otra nalga. Y otra y otra más. Tras el disgusto inicial empezó a calentárseme la nalga y la entrepierna, también. Y me deje seducir con placer. Mientras aquella mujer azotaba mi culo con ritmo y con pasión. No quería dar marcha atrás porque me avergonzara todo lo que estaba pasando esa noche. Solo quería sentir, gemir, estremecerme, dejarme arrastrar por un placer nuevo e indescriptible. Dejar salir mi Yo Spankee.

Estaba recibiendo una buena azotaina y por el espejo que estaba colocado justo encima de la barra y que cubría todo el local, podía ver caras desconocidas llenas de satisfacción, parejas desatadas y entregadas a juegos amorosos, toqueteos, metiéndose mano descaradamente… Parecía que yo había disparado la señal para que aquel local liberal comenzase a mostrar su verdadera actividad.

Raphael se levantó de la mesa en la que estábamos con las otras parejas, y se acercó despacio, contemplándome, con mi falda levantada aún y la mujer de negro a mi lado. Me cogió del pelo y tiró un poco de él hacia atrás, de tal manera que ofrecía mis pechos a su mano. Me desabrochó lentamente los botones de la camisa hasta que mis tetas quedaron totalmente al aire a la vista de todos. Me apretó con fuerza los pezones, bajo su mano y pudo notar como rezumaba ‘miel’ por mi entrepierna…

— ¿Te gusta perrita? — Me dijo —.

— A lo que yo le conteste — Déjame tu Marka.

En ese preciso instante comenzaron a levantarse otras personas de las mesas en las que estaban sentados y en principio se dedicaron a contemplar la escena que allí se estaba produciendo. Mientras Raphael me seguía metiendo mano a la vista de todos. Entre azote y azote en las nalgas, metía sus manos, bien en mi coño húmedo, bien algún dedo en mi ano, lo que me ponía aún más cachonda si cabe; para luego ascender por mi vientre hasta mis pechos, de nuevo.

Aquella fue la velada más erótica, sensual, lujuriosa, libidinosa, estremecedora y caliente que en mis 50 años había tenido jamás.

De pronto, Raphael sacó del bolsillo una máscara antifaz y lo colocó tapando mis ojos de tal manera que no veía nada.

De repente sentí otras manos abordarme por mi grupa y deslizarse hasta mis entrañas. Sentí todos mis orificios ocupados. Mi culo, mi coño ocupados, entretenidos con manos expertas, unas finas otras rudas, otras deslizándose por todo mi cuerpo, deteniéndose por mis pechos, o bien entre mis piernas.

Así permanecí no sé cuánto tiempo, hasta que de nuevo Raphael se acercó al grupo y profirió un autoritario —¡Basta! — Me quito el antifaz y pude comprobar cuanta gente se había congregado para acariciarme—me llamo la atención especialmente que había muchas mujeres—Me susurró al oído:

—Por esta noche es suficiente, perrita. Vístete que nos vamos. Te llevaré a tu casa— Y selló sus labios contra los míos con un ansia que me hizo desfallecer en sus brazos con un ardor que jamás antes había experimentado.


A darkness released

My name is Susanna, and I met Raphael, a real libertine, at a dinner with friends at a liberal club in Madrid. We were with two couples, and Raphael and I were ‘singles’. There were Jana and Renato, Bruno and Mia and us; it was a blind date.

I wore a short plaid skirt with a pleated flare, just right for the occasion, stockings with a garter belt, a string thong (I like to feel my buttocks resting directly on the chair), and a white blouse ajar just enough to show the bra white, something small, that made my voluminous breasts overflow.

The evening went quietly. I noticed Raphael’s gaze that often rested on me and my overflowing breasts, but I didn’t give it much importance.

I got up to go to the bathroom (I needed to fix myself and check that everything was in place. After all, we had gone there to see if we could hit it off). I was looking at myself distractedly in the mirror, when suddenly Raphael entered, and approaching me from behind, he grabbed my waist and hugged me against him. I felt his bulging member pressed against my buttocks, and the tremendous excitement he ignited. I was surprised. Pulling my hair back, he whispered to me more than just words.

“Your chocolate butterflies have ignited my intimate desires,” he said.

His phallus was getting harder and bigger against my ass and with his right hand he grabbed my breasts. I, without knowing very well why, at that moment said: “Yes Sir!”

Ardent and with desire, he checked my wetness (which wouldn’t stop dripping on my thong).

“You are the image of sin. Do you want to be my little one?” he asked me, to which I answered without knowing where the burning desire came from; that inner fire the man was lighting in me: “Yes Sir, I want to be your little one!!!”

He was ready to give me my first instruction as a ‘little one’:

“When you get back to the table, you will take off your panties, your thong and your bra, and you will give them to me. I will tell you when. When you sit down let your ass and pussy rest on the cold hard chair and your breasts sway freely under your transparent shirt. I will teach you my secret life.”

And then he left.

When I returned, I was feeling a bit embarrassed, my belly vibrating, my skin bristling, my nipples erect and hard and my parted lips salivating. Every time Raphael looked at me, I remembered the bathroom scene, and his eager touch.

In one of those glances, he extended his hand. He wanted his garment, his prize… Slowly and shy, I gave him what he longed for. I blushed and when I touched his manly, firm hand, I shuddered, remembering his erect member against my bottom in the bathroom. Again he leaned closer and whispered in my ear: “Open your mind to pleasure. Get up and with your consent, go to the bar and bend down to pick up that little red package on the floor, so that when you bend down your skirt climbes up.”

I opened my eyes wide and in amazement. I protested: “You will see my ass! I can’t!”

At my protest, he put a finger on my lips to silence me, while with his other hand he gently pinched my nipple, and said: “You have to be an obedient babe.”

I got up, nervous and without acknowledging what I was about to do for that man. His intense gaze, his confident hands, his overwhelming personality, and his blunt orders, they were bringing out my most sensual and feminine side.

I approached the bar as Raphael had instructed. I crouched in such a way, following his instructions, that by doing so I exposed to the view of all those who were sitting at the tables, dining like us, they could see my legs and bottom of my buttocks, which were bare. A woman in black who was at the bar at the time, approached me, and as if she was in it with Raphael, and knew exactly what was happening in front of everyone, she slapped me on the butt without warning. It caught me completely by surprise.

To my astonishment, from the corner of my eye, I saw the smile of Raphael and those who sat with us at the table. I was still perplexed, next to the bar, until that woman in black gave me another slap, this time on the other buttock. And another and another. My buttocks and crotch started to get warm, and allowed me to be seduced with pleasure. While that woman whipped my ass with rhythm and passion, I didn’t want to back down because I was embarrassed by everything that was going on that night. I just wanted to feel, moan, shudder, let myself be swept away by a new and indescribable pleasure. Let out my Spankee Self.

I was getting a good spanking and in the mirror hanging just above the bar and which covered the entire place, I could see unfamiliar faces full of satisfaction, couples unleashed and given in to love games, touching, shamelessly reaching out… It seemed I had triggered the signal for the local liberals to show their true natures.

Raphael got up from the table, and approached slowly, staring at me, with my skirt still up and the woman in black at my side. He grabbed my hair and pulled my head back a little, in such a way that I offered my breasts to his hand. He slowly unbuttoned my shirt until my boobs were fully exposed for all to see. He squeezed my nipples tightly between his fingers, and could see how he oozed ‘honey’ from my crotch…

“Do you like being a little one?” he asked, to which I answered: “Leave me your marks.”

At that very moment other people began to get up from their tables, and first contemplated the scene in front of them, while Raphael kept reaching for me in full view of everyone. Between spanking my buttocks, he would put his hands, either in my wet pussy, or a finger in my anus, which made me even more horny if possible; to then ascend over my belly to my breasts, again.

That was the most erotic, sensual, lustful, libidinous, shocking and hot evening that I had ever had in my 50 years.

Suddenly, Raphael took a mask from his pocket and placed it covering my eyes in such a way that I couldn’t see anything.

Suddenly other hands touched my rump and slid down to my privates. All my were orifices occupied. My ass, my pussy… entertained with expert hands, some fine, others rough, others sliding all over my body, stopping at my breasts, or between my legs.

I stayed that way, I don’t know how long, until again Raphael approached the group and uttered an authoritarian “Enough!”

I took off my mask and could see how many people had gathered to caress me. I was especially struck by the fact that there were many women.

He whispered in my ear: “”That’s enough for tonight, little one. Get dressed, we’re going. I’ll take you home.”

He pressed his lips against mine with a hunger that made me swoon in his arms and a yearning I had never experienced before.

Image from Pixabay

Wicked Wednesday
MMM Mondays

2 thoughts on “Una sombra liberada / A darkness released

Share your wicked thoughts...

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

%d bloggers like this: